Calros Solla:
Justinita tenía un novio/
María da Vrea:
Que Redondo se llamaba.
Sus padres no eran gustantes;
la niña se puso mala.
Calros Solla:
—Madre, me estoy muy malita/
María da Vrea:
—Madre, me estoy muy malita;
Padre, me voy a morir.
—Puedes morir cuando quieras
y cuando te dé la gana;
que (ese) tu novio Redondo
jamás entrará en mi casa.
Redondo estaba en la puerta
por ver si podría entrar.
A la puerta estaba el padre
con caras de criminal.
—No se recuerda, mi padre,
del pañuelito encarnado,
que me regaló Redondo,
aquí lo traigo grabado.
—No se recuerda, mi padre,
de cadena de plata,
que me regaló Redondo,
a mí nada se me escapa.
Justianita se murió,
y la fueron a enterrar;
y en la cabecera lleva
fe, esperanza y caridá.
Fe, se la deja a su novio,
esperanza a su mamá,
caridad a sus hermanas,
para nunca le olvidar.
Autor/a da transcrición: e~xenio